Yadira no escuchó respuesta alguna de Camilo durante mucho tiempo. Sentía un peso en el corazón y una inquietante sensación la envolvía.
—¿Es tan difícil responder? Si has perdido el interés, ¡dímelo claramente! —preguntó, con la voz temblorosa, mientras las lágrimas comenzaban a brotar involuntariamente.
—Tengo disfunción eréctil y no se me para—dijo Camilo, volviéndose hacia ella con serenidad.
—¿Qué dices?
El rostro de Yadira, ya bastante marcado por la tristeza y la ira, se congeló de inmedi