Marina miró a Diego con una ceja levantada, llena de incredulidad.
—¿Solo deseas acostarte conmigo? ¿No piensas asumir ninguna responsabilidad?
Al escuchar esto, Diego no pudo evitar soltar una risa. Con un gesto cariñoso, ajustó la bata que ella llevaba.
—Vamos, ya viene siendo hora de comer.
—Tenía pensado sorprenderte; ya había estado organizando el anillo de compromiso y el vestido —añadió con un aire de melancolía—. Ahora, toda sorpresa se ha desvanecido.
Marina se levantó y se envolvió alr