Marina salió en ese momento del Bar Tropical acompañada de Diego, pero no regresaron de inmediato. Primero, le pidió a los guardaespaldas que llevaran a Blanca a casa. En silencio, ocupó el asiento del copiloto mientras Diego se sentaba al volante.
—Cariño —dijo él, iniciando el trayecto.
Marina miraba distraída por la ventana, con los ojos ligeramente enrojecidos.
Al recordar a Tomás, la humillación de aquella noche volvió a su mente.
En el fondo, siempre había anhelado algo sencillo: un hoga