—Está bien —respondió obediente Marina, girándose hacia él.
Diego le quitó el delantal, se colocó detrás de ella y, mirando hacia abajo, se lo puso de nuevo, atando cuidadoso las cintas en su espalda.
—¿Te queda bien así? —preguntó con tono grave.
Marina inclinó la cabeza, dejando al descubierto su cuello blanco y delicado.
—No está apretado. Te queda perfecto.
Diego se inclinó y le dio un ligero beso en el cuello, pero ella lo echó de la cocina, cerrando la puerta de golpe.
Yolanda, intrigada,