—¿Por qué no vives en las Mansiones de la Felicidad?
Marina soltó un gemido ahogado, mordiendo graciosa su hombro para callarse.
—Esa casa ya se la regalé a Leticia. Además, no es mi villa —explicó él, aunque no era momento adecuado para más aclaraciones.
...
Dos horas después, Diego salió del baño con Marina en brazos y la acomodó en la cama, cubriéndola suavemente con una manta.
Ella entrecerró los ojos, algo perezosa.
—Diego, ¿puedes apagar la computadora, por favor?
¡A cantar juntos! ya hab