Marina se levantó apresurada, salió del evento con la pancarta de apoyo y la arrojó al cubo de basura. Entrecerró los ojos. El clima era agradable.
Sacó su celular y marcó un número.
—Señorita Blanca, soy Rosario —dijo mientras caminaba—. Tengo nuevas canciones. ¿Te gustaría comprar los derechos? Te las doy solo a ti.
Blanca, preocupada por su futuro, atendió una llamada de un número desconocido. Al escuchar la propuesta, no pudo contener su alegría.
—Sí, quiero.
Marina sonrió en señal d