Si no logró vengarse, ¿cómo podía rendirse tan pronto?
Marina sentía que aún no era lo suficientemente fuerte. Luis, con las manos en los bolsillos, la observó de reojo.
—Prepara un café para mí. A las diez tenemos que ir al Grupo Jurado.
Marina desvió la mirada y fue a preparar el café, que dejó sobre la mesa en la oficina.
Luis se desabrochó un botón de la camisa, mostrando su piel bronceada, y la miró.
—Marina, si no quieres ir al Grupo Jurado, puedes quedarte.
Marina levantó una ceja.
—¿Por