No llegaron a abrir la puerta, porque, en el momento en que iban a entrar, Luisa salía de la casa, muy arreglada, demasiado maquillada para el gusto de Laura, que la miró con desaprobación.
—Pareces un cuadro.
—Eso pretendo. Adiós, chicas.
Y se fue. Laura y Celia se miraron y Celia gritó:
—Sé buena…
—Lo seré… —se oyó la voz de Luisa mientras subía al ascensor. Luego las puertas se cerraron y ya no oyeron nada más.
—Ven —dijo Celia cuando entraron—. Vamos a mi habitación.
Siempre que entraba a l