Y entonces, cuando sus dedos retomaban la tarea de masajearla, sintió un terrible mareo. Todo el güisqui y los nervios acumulados se rebelaron en su organismo y saltó como un resorte del sofá, dejando a Sergio asombrado.
—¿Dónde está el baño? —preguntó. Estaba temblando y Sergio, perplejo, también se levantó. La tomó de la mano y la condujo hasta una puerta.
—Aquí.
Se sintió mejor después de vomitar. Luego se sentó en el borde de la bañera y escondió la cabeza entre las manos. Sí, su estómago e