Era muy poco, un detalle nimio, una simple discrepancia de horario para la que habría una sencilla explicación. Pero era lo único que tenía y se aferró a ello. Debía hablar con alguien que supiera exactamente qué pasó aquella noche. Sergio no lo sabía, porque pudieron pasar muchas cosas desde que se desmayó hasta que despertó el 2 de enero, y tampoco se fiaba mucho de su interpretación de los hechos: con tanta droga en el cuerpo tendría delirios. Quizá había exagerado las cosas y no había sido