Cuando regresó Sergio, a las seis de la tarde, Laura estaba en el sofá, con un libro abierto, simulando estar enfrascada en la lectura, aunque en realidad maquinaba una mentira creíble para soltarle a Roms cuando Sergio la interrumpió.
—Hola, mi amor —tiró el abrigo de cualquier manera sobre un sillón y se sentó con ella. La abrazó y le dio un beso—. ¿Qué tal el día?
—Aquí, leyendo —mintió. Había decidido no hablarle de la visita de Antonio. Otra mentira más. Últimamente tenía demasiados secret