Por su parte, Verónica se sentía sumamente desesperada dentro de la suite del hotel. La ausencia de Mauricio hacía que la noche se sintiera eterna, pesada y asfixiante. Sin el calor y la seguridad que él siempre le brindaba, el miedo regresaba a su pecho con fuerza. Caminaba de un lado a otro por la sala, incapaz de conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en que su pequeño Santiago estaba nuevamente metido en esa mansión, bajo el mismo techo que Rodrigo. La sola idea la llenaba de angustia