El verano de Santa María traía mañanas donde el sol matutino disipaba la bruma marina en cuestión de minutos, dejando al descubierto un cielo de un azul impecable. Tres años después de la graduación de la primera promoción de la escuela de artes, la vida en la residencia del faro mantenía un compás de paz y trabajo constante.
Mateo, a sus diez años, había heredado la figura esbelta y la mirada observadora de Máximo, aunque en la tranquilidad de sus gestos se adivinaba la influencia constante de