Diego miró a su hermano y, de inmediato, bajó la mirada, guardando un silencio sepulcral. Patricio abrió los ojos de par en par, asombrado al captar el significado de ese gesto.
-No puede ser... ¿Ya pasó? -preguntó Patricio, estupefacto.
-Sí... ya pasó -confesó Diego, apretando los puños-. Y me arrepiento tanto, ¿sabes? Porque la ilusioné. Le hice creer que tendríamos una vida de pareja normal y ahora va a ser peor el golpe.
-Pobre chica... -murmuró Patricio, sintiendo una profunda lá