No quiero que siempre se preocupen por mí, así que asentí con docilidad: —Está bien, lo entiendo.
Eloy, en un tono suave, dijo: —Ya está, descansa temprano. Las embarazadas no deben trasnochar.
—Tú también.
Colgué y, justo cuando dejé el celular, escuché la puerta abriéndose.
Inmediatamente me dirigí hacia la entrada, donde Olaia y Blanca intercambiaban miradas.
Mi abuela comentó: —Ven, quiero mostrarte las flores que tengo.
Olaia, muy colaborativa, respondió: —¡Claro!
Quien regresaba, por supue