Mateo, riéndose y regañándome un poco, decidió detener el tema, considerando a la abuela y a Olaia, así que dejó la conversación en la habitación contigua.
Aproveché el momento, tomé el frasco de medicina que había dejado en la mesa y le dije: —Voy a llevarle el antídoto a la abuela.
—Está bien.
Al ver que asentía, me levanté y me dirigí a la habitación de la abuela, y él me siguió: —Mejor vamos juntos.
Olaia estaba jugando a un juego de cartas con la abuela.
Cuando Mateo y yo entramos, la vimos