Estrella sonrió con desdén y fingió detenerse: —Déjalo, no la subestimes. A lo mejor ha pescado a algún pez gordo y pronto tendrá a alguien que la respalde.
—Estrella, ¡eres la heredera de los Hernández! No me digas que le tienes miedo. Ya dijiste que es una huérfana, ¿quién en su sano juicio se casaría con ella, aunque lograra atrapar a un millonario?
Larreta, con una mueca de desprecio, añadió: —¿Quién crees que asiste a las fiestas de la señora García? Aquí todo es cuestión de estatus. A lo s