Capítulo 405
El pequeño parecía de tres o cuatro años, con un estilo muy moderno, y su aspecto era tan delicado que resultaba adorable al mirarlo.

Sin embargo…

Esto no pudo tomarse a la ligera.

Estaba algo confundida, así que le acaricié la cabecita: —¿Tía?

—¡Sí! Tía, me llamo Diego García, y tú puedes llamarme Dieguito.

El pequeño se presentó de manera tan tierna y con voz infantil que era imposible no sonreír.

Me agaché y le respondí suavemente: —Está bien, Dieguito, pero…

Hice una pausa y miré a Mateo: —¿
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