Mateo y yo quedamos, una vez más, en un incómodo silencio.
Tiré del brazo de mi abuela: —Abuela, sobre eso…
—Pronto.
Mateo me interrumpió de repente, pero le habló a la abuela con suavidad: —Abuela, me casaré con ella muy pronto. Cuide su salud, y cuando esté bien, haremos la boda.
¿¿¿¿????
Lo miré perpleja.
Mateo ni siquiera me dirigió la mirada, como si lo que acababa de decir no tuviera nada que ver conmigo.
La abuela, radiante, tenía los ojos brillando: —¿De verdad?
—De verdad —respondió Mat