—Además, también apoyo tu decisión de quedarte en Solara —dijo él.
Sonreí levemente y pregunté: —¿Por qué?
—Tengo una amiga en Solara, es una psicóloga de primer nivel. Delia, ella podrá ayudarte con tu depresión— explicó Enzo.
—Enzo, ya te dije que la Sertralina es de Olaia...
No quería admitirlo.
Enzo acarició las cicatrices en mi muñeca: —Primero te cortas las muñecas, luego te lanzas al lago. Claramente, no te valoras ni quieres vivir. ¿Y aún lo niegas?
—Yo...
Desvié la mirada hacia la venta