Sin embargo, me sentía algo confundida y le pregunté: —Enzo, ¿tenías algo que decirme?
—No, nada importante.
—Oh, bueno.
Sonreí levemente y miré la hora: —Ya casi es la hora. Debo irme a la Ciudad de Porcelana.
—Tú...
Dudó un momento: —¿Hay alguna posibilidad entre tú y Marc?
—Enzo...
Sonreí con resignación: —Ahora mismo no tengo cabeza para pensar en eso. Si estás aquí para interceder por él, mejor olvídalo.
—No he venido a interceder por él.
Enzo parecía evaluar mi expresión antes de hablar co