Ya había preguntado varias veces a mi tía sobre mi origen, pero siempre sin éxito.
Si volviera a hacerlo, probablemente tampoco obtendría respuesta.
Olaia estuvo de acuerdo. Se recostó en el sofá, pensó un momento y luego me miró con interés.
—Entonces, ¿no eres tú la prometida de Mateo?
—¡Puf, jejeje...!
Mientras bebía agua, la inesperada pregunta de Olaia me hizo escupirla y casi atragantarme.
Tosí durante un rato.
Olaia se rio y me pasó varias servilletas: —¿Por qué te pones tan nerviosa?
—¿N