Pensando en las heridas de mi tía, con el rostro serio, dije: —Pronto ya no seremos familia.
—¿Qué quieres decir con eso?
Sus ojos brillaron con astucia y se fijaron en el abogado a mi lado: —¿Quién es esta persona? ¿Para qué lo has traído?
—Él es Luis, uno de los abogados de divorcios más destacados de la Ciudad de Perla.
Después de la presentación, le susurré: —Este divorcio, lo quieras o no, se llevará a cabo.
Juan se enfureció al instante, saltó y quiso agredirme, pero los guardaespaldas lo