Justo cuando terminé de comer, dejé los cubiertos y le pregunté:
—¿Logró convencerte a verlo?
—Sí.
Me ayudó a recoger las cajitas de comida.
—Días antes actuó de una manera muy inmadura, ni entendió lo que le dije. Y ahora hay cosas que no logro explicarme bien por llamadas. Mejor nos vemos otra vez y resolvemos los problemas de una vez.
Expresé mi apoyo:
—Te respaldo.
—¿Me acompañas?
—¡Claro!
Sonreí y bromeé:
—Si no voy, ¿y si te secuestra y te vende?
Quedaron de verse en el mismo club priva