Una amante estaba reprendiendo a la otra… Qué interesante.
Apenas me eché a reír cuando oí un ligero bufido a mi espalda.
Me sobresalté y al voltear me topé con un tipo de aspecto con aire arrogante y pícaro, con una media sonrisa en sus comisuras de los labios. Vestía una chaqueta de cuero y se recargaba casual en la pared, diciéndome:
—Señora Romero, parece que tiene unos apetitos bien peculiares.
Fui descubierta escuchando en secreto y me sentí algo culpable, pero pronto la sensación se me pa