Vaya… Si la verdad era así, ¡esa mujer era más terrible de lo que yo pensaba!
Mónica me sonrió un poco, con sus labios aún algo pálidos.
—Gracias a Marc, aunque he estado postrada en cama durante tantos años, he sido bien cuidada, y es por eso que confío plenamente en él para que proteja a mi hija.
—Ah, ya veo…
Esbocé media sonrisa, haciéndome el desentendido sobre el significado implícito en sus palabras.
—Qué bueno —le respondí fríamente.
Ella misma era una amante de esposo ajeno.
Y ahora ar