El hombre se levantó de golpe con el rostro sombrío. Me miró desde arriba durante un buen rato y finalmente, soltó las palabras entre dientes:
—¡Apila más las almohadas cuando duermas!
Casi parecía que me estaba diciendo que tuviera sueños imposibles.
Me enojé también y me levanté de un salto para ir a la sala de estar. Miré a la madre e hija cuchicheando, fui al grano:
—Dime, ¿qué pretenden?
—¡Marc!
Ania se levantó con aires de suficiencia, pasando su mirada por encima de mí para posarla en Mar