Me quedé sorprendida por un momento, echando un vistazo dentro de la bolsa. Eran las dos cruces de jade que el abuelo había elegido para el bebé.
Una sutil pero intensa punzada de dolor atravesó mi corazón, y con voz fría le dije:
—Es regalo del abuelo para el bebé. Él ya no está en mi vientre, así que tú debes guardarlas.
Me miró fijamente y me rechazó directamente:
—El abuelo te las dio a ti. Si las quieres devolver, ve y devolvérselas al abuelo tú misma.
De repente, me di cuenta de que, cuand