Cada fin de semana, lo primero que hacía después de regresar de mi trabajo a tiempo parcial fue limpiar la casa y lavar la ropa, para poder ganar una buena actitud de Juan. Aun así, si no fuera por la insistencia de mi tía, el padre e hijo ya me habrían echado de la casa.
En cuanto a mi parte de devolverles el favor, también ya me quedé con tranquilidad porque ya no les debía mucho. Ahora solo me preocupaba por mi tía.
Sin embargo, hoy, ¡ellos se atreven a decirme que tenían la mitad del mérito