Nadie respondió a Santiago.
José salió tambaleándose de la habitación privada.
Mateo lo siguió para evitar que armara un escándalo.
No quería que eso lo arrastrara a él también.
—Camilo.
Camilo apareció al instante, y Mateo empujó a José hacia él: —Llévalo a su casa.
—A casa de Olaia —dijo José.
Camilo solo escuchó a José: —Perdón, Sr. Mateo.
…
Mateo no podía dejar que José siguiera descontrolado, pero tampoco quería pasar toda la noche vigilándolo.
—Sé que no estás tan borracho como para no sab