En la habitación del hospital, José pelaba una naranja para Olaia.
Durante toda la tarde, no dijeron nada, pero al mismo tiempo.
Ambos entendían todo.
José pelaba la naranja con cuidado, incluso quitando las fibras blancas.
Le fue dando los gajos uno a uno.
Después de darle uno, le ofreció un poco de agua.
Entonces rompió el silencio: —¿Qué te gustaría comer? Voy a comprártelo.
Olaia no podía mover la cabeza, pero hizo un gesto con la mano y respondió: —Vete, por favor.
...
Se miraron en silenci