Las dos no lograron llegar a ninguna conclusión sobre el asunto.
Delia ayudó a Olaia a acostarse: —Tu cabeza sigue doliendo, así que no pienses más por ahora. A simple vista, esto parece un callejón sin salida, y no sirve de nada que te sigas preocupando. Al menos, si descansas y te recuperas, podrás enfrentarlo mejor.
Olaia se tumbó en la cama, extendió los brazos y suspiró: —Este problema no se resuelve solo con esfuerzo.
—Es raro... sé que mi origen va a traerle problemas a José, pero aun as