Raymond lo fulminó con la mirada.
—Vidal, entiende de una vez que estoy cansado, ¡estoy harto de ti! Estoy cansado de que siempre te presentes en nuestras vidas, de que siempre te cruces en mi camino. Ya, asume de una vez que Ámbar ya no es tu esposa, ¡ya no es nada tuyo! Ella es mi mujer, y está esperando un hijo mío. ¿Por qué no lo entiendes de una vez?
—¡No vine aquí para discutir contigo, Raymond! —exclamó Vidal—. No quiero seguir perdiendo el tiempo en confrontaciones inútiles, lo único q