C255: Voy a hacerme cargo de ella.
Alaska pareció perder toda la fuerza que la sostenía. Sus piernas cedieron y cayó de rodillas frente a él. Con un movimiento desesperado, rodeó una de sus piernas con los brazos y se aferró con fuerza, como si soltarlo significara desaparecer. Alzó el rostro hacia él, bañado en lágrimas, y habló atropelladamente, presa del pánico.
—No… no, Vidal, no me digas eso —suplicó—. Tú y yo, nuestra hija… somos una familia. Vamos a ser felices los tres juntos. Ella es tu hija, Vidal, es tu hija, solo tuy