C232: No le diré nada a nadie.
Vidal reaccionó con rapidez y, casi arrastrando a Alaska, la llevó hacia el interior de la casa, alejándola de Margot.
—¡Vete! —ordenó a Margot—. ¡Márchate de una vez y deja de provocarnos! ¡No te ayudaré con lo que pides, estoy fuera de eso!
Siguió llevando a Alaska hacia una zona más resguardada, buscando aislarla, calmarla, impedir que la escena continuara escalando. Margot, por su parte, torció el rostro en una mueca de fastidio. A sus ojos, Alaska no era más que una mujer impulsiva, dominada por la ira, incapaz de controlar sus emociones. Y Margot no estaba dispuesta a retirarse por un arrebato ajeno.
Tenía un objetivo claro y no pensaba abandonarlo tan fácilmente. Necesitaba convencer a Vidal, a cualquier precio, de que la ayudara. Estaba convencida de que junto a él podría idear un plan, y además le resultaba conveniente: Vidal seguía obsesionado con Ámbar, con recuperarla, con borrar al hombre que se interponía entre ellos. Alguien con ese nivel de fijación era capaz de cual