C230: He venido a pedirte ayuda.
Vidal había regresado finalmente a su casa tras una jornada agotadora, una de esas que parecían no terminar nunca.
El día había sido particularmente intenso. En la mañana había pasado por la casa de Ámbar con la intención de importunarla una vez más, llevándole unos regalos que Raymond terminó arrojando a la basura sin el menor reparo. Desde allí, se dirigió directamente a la empresa, como hacía a diario.
El trabajo lo absorbió por completo: las pérdidas económicas se acumulaban y la situación era crítica, por lo que tuvo que esforzarse más de lo habitual para intentar mantener el negocio a flote. Cuando por fin regresó, el cansancio se reflejaba en cada uno de sus movimientos. Aun no era de noche, pero la oscuridad comenzaba a adueñarse de la casa.
Al cruzar la puerta, Alaska lo recibió con la misma calidez de siempre, con gestos atentos y palabras suaves. Subió a la habitación para prepararle la ropa y le indicó que se diera una ducha antes de la cena. Sin embargo, Vidal le respondi