C224: Olvídate de ella.
Alaska asintió con la cabeza.
—Pero dime —insistió ella al fin—, ¿qué estás haciendo aquí, Vidal? ¿Por qué viniste a este hospital?
Él hizo una mueca cansada, cargada de hastío y derrota. Ya no tenía energías para inventar excusas ni para sostener más mentiras. Todo lo que había ocurrido lo había dejado vacío, sin defensas, y en ese estado le resultó imposible ocultarle la verdad. Inspiró hondo antes de hablar.
—Ámbar ya dio a luz —dijo finalmente.
Alaska abrió los ojos de par en par, completamente sorprendida por la noticia.
—¿Cómo que ya dio a luz? —preguntó, llevándose una mano al pecho—. ¿Ya tuvo a nuestro hijo?
Ella hablaba desde la certeza equivocada que había construido durante meses: el plan, el embrión, la idea de que ese niño les pertenecía a ambos.
—No —respondió Vidal—. Ese hijo no es nuestro.
La confusión de Alaska se transformó en desconcierto puro.
—¿Cómo que no es nuestro? —repitió—. ¿Qué estás diciendo?
Vidal apretó la mandíbula antes de continuar. Las palabras le sa