Vidal permaneció en silencio, observándola detenidamente. Su mente lo llevó de regreso a otro tiempo, al mismo rostro, pero diferente alma. Recordó a Ámbar, recordó aquel momento en que ella también le había ofrecido ayuda, cuando él atravesaba un aprieto similar. Ese recuerdo lo atravesó como una punzada breve, pero suficiente para tensar su semblante.
—No, no, no te preocupes —aseveró—. Tú guarda ese dinero. Podrías necesitarlo para alguna cosa más adelante. Como te dije, aunque ha sido un go