C166: Sé cómo manejar a Ámbar.
Raymond dio un paso adelante con brusquedad y lo tomó nuevamente del cuello de la camiseta. Sus dedos se cerraron sobre la tela con una determinación férrea, y lo atrajo hacia sí, reduciendo la distancia entre ambos hasta que sus respiraciones casi colisionaron.
—¡No voy a permitir que te burles de Ámbar! —exclamó—. Sé que solo estás haciendo todo esto para fastidiarme, pero tú no la amas. Lo único que buscas es dañarme. Por esa razón, voy a contarle toda la verdad. Voy a decirle lo que has hecho, cómo me engañaste… cómo te apropiaste de lo que no era tuyo. Tú no eres más que un impostor. Solo te acercaste a ella para lastimarme, para hacerme sentir tan miserable como tú. ¡Pero no voy a permitir que sigas jugando con ella!
Vidal levantó las manos y empujó a Raymond con todas sus fuerzas, no solo para liberarse de su agarre, sino también para recuperar un espacio que sintió amenazado.
—Estás equivocado, Raymond —replicó—. No me estoy burlando de Ámbar. No estoy jugando con ella. Yo me