C165: Yo, el hijo de un carpintero.
Raymond lo miró con incredulidad, las palabras que salían de la boca de Vidal no eran más que un delirio incoherente. Su expresión, antes dominada por la ira, se transformó en perplejidad absoluta.
—¿Qué? —preguntó, incapaz de comprender el giro grotesco que estaba tomando aquella conversación—. ¿Qué historias tan absurdas te has estado inventando en la cabeza? ¡Eres un lunático!
Aquel insulto pareció despertar en Vidal una especie de franqueza mordaz que había permanecido reprimida durante demasiado tiempo. Se pasó una mano por el cabello, tomó aire y habló con una calma engañosa que hacía su confesión aún más perturbadora.
—Admito que al principio me caíste bien —dijo, sin apartar la mirada de Raymond—. Lo reconozco. Me deslumbré por tu apellido. Había conocido, de casualidad, al hijo del gran Ethan Schubert… y me sentí intrigado. Quería saber más de ti, de tu mundo, de esa vida que jamás me sería accesible. Pero pronto descubrí cómo eras en realidad.
Vidal dio unos pasos hacia adel