C165: Yo, el hijo de un carpintero.
Raymond lo miró con incredulidad, las palabras que salían de la boca de Vidal no eran más que un delirio incoherente. Su expresión, antes dominada por la ira, se transformó en perplejidad absoluta.
—¿Qué? —preguntó, incapaz de comprender el giro grotesco que estaba tomando aquella conversación—. ¿Qué historias tan absurdas te has estado inventando en la cabeza? ¡Eres un lunático!
Aquel insulto pareció despertar en Vidal una especie de franqueza mordaz que había permanecido reprimida durante dem