CAPÍTULO 71. EL HOMBRE PERFECTO
El fuerte apretón que Carlos Alejandro dio en la mano que sujetaba de Briana, la hizo agitar su cabeza y volver al aquí y ahora, dándose cuenta que no estaba sola, además que estaban en un lugar público y no sería capaz de hacerle daño.
—No, no podemos hacerlo, es por recomendación de mi abogado —concluyó de manera ágil la joven—, como ya se les informó cualquier cosa que sea en los juzgados.
Orlando arrugó el ceño, y fijó su mirada en ella.
— ¿Es una broma? —indagó—. Nosotros siempre nos hemos