CAPÍTULO 70. TATUADO EN EL ALMA
Briana contuvo el aire, su azulada mirada se fijó en los carnosos labios de Carlos Alejandró, estaban tan cerca a escasos centímetros, además que su exquisito aroma, la embriagaba. Ya no podía evitarlo, no cuando esas grandes manos viajaron hasta su rostro acunando sus mejillas.
Quedaron ajenos al mundo, encerrados en aquella pequeña cabina, donde no se podía escuchar nada, solo el latir de sus corazones. Briana lo sujetó de los brazos, cerró sus ojos y separó los labios, deseosa.
Carlos Alejan