CAPÍTULO 42. LA SEÑORA DE LA CASA
—Esa decisión la tomaré yo —respondió elevando su cabeza con altivez—, yo no creo que el señor Arango desee deshacerse de mí, los niños me adoran, ¿acaso no te has dado cuenta? —ladeó los labios y sonrió.
Torció los labios al escucharla y la fulminó con la mirada.
—Eres una insolente. Voy a ser la señora de esta casa, seré quien se haga cargo de los… mellizos, estoy más que segura que no te vamos a necesitar, más vale que empieces a hacer tus maletas y te largues.
Briana esbozó una gran sonris