Ápice de culpa.
Tardó varios segundos en salir del trance y otros tantos en dejar de maldecir mentalmente. Recobró la compostura, frunció el ceño y analizó a la mujer de pies a cabeza, sin importarle nada.
Error.
Estaba vestida con un pantalón azul marino ajustado, como si fuera una segunda piel, marcando piernas, caderas y cintura. Una blusa color crema que se ceñía tan malditamente bien desde la pretina del pantalón hasta los senos… Oh, unos senos no tan voluminosos, pero sí redondos y firmes.
Maldijo otra y