Maldito cretino.
La actitud del CEO le colmaba bastante la paciencia, pero optó por hacer caso omiso y centrarse en otras cosas mientras almorzaban. Pensó en su trabajo, en su profesión y sintió ganas de reírse. Dios, era ridículo estar comparando la actitud del hombre con la de un niño, pero por momentos le resultaba difícil no hacerlo. Además, el CEO tenía una habilidad única para intentar flaquear su paciencia. Inevitablemente, se preguntó si cada que salían sería de esta manera y la respuesta casi provocó q