CAPÍTULO 41. ¿Por qué hiciste esto?
El corazón de Leo latía con fuerza mientras escuchaba el llanto de Angélica por teléfono. Sabía que habían tenido unas semanas difíciles y aquella era la gota que derramaba el vaso de su tolerancia.
—No quiero que te muevas de ahí ¿entiendes? ¡Por ningún motivo te vayas a mover de ahí, ángel! ¡Necesito que me des una hora, ¿está bien? Solo dame una hora y estaré ahí… ¡Dímelo ángel!
—Está… está bien —sollozó ella desconsolada.
Leo ni siquiera supo cómo se atrevió a conducir solo hasta el hospita