CAPÍTULO 40. ¡Eres una mentirosa!
Gianni no podía simplemente creer lo que estaba viendo. Había decidido ir al hotel porque ya era tarde y el teléfono de su madre lo mandaba directo al buzón; pero al abrir la puerta del despacho principal donde sabía que estaría, lo que vio lo dejó sin aliento.
Su madre estaba allí, abrazada a aquel hombre que se había cansado de repetir que solo era su amigo y su socio. Pero Gianni no veía nada de amistad en ese abrazo y la rabia explotó en él con toda la fuerza y la incomprensión de un adoles