—No puedo confiar en ti —dijo Evelyn, con lágrimas en los ojos—. Me mentiste, Asher. Me dijiste que no había nada entre tú y Raquel.
Asher se sintió culpable.
—Lo siento, Evelyn —dijo—. No quería lastimarte. Pero te juro que no pasó nada entre Raquel y yo.
Evelyn lo miró, escéptica.
—No te creo —dijo—. No puedo creerte.
De repente, sonó el timbre de la puerta.
—¿Estabas esperando a alguien? —preguntó Asher.
Evelyn se negó.
—No, no es nadie —dijo.
Asher se levantó.
—Voy a abrir —dijo.
Evelyn int