Leila le pone los ojos en blanco a Carmela y sube prácticamente a toda velocidad a su habitación. No puede pedirle a Carmela que se vaya, pues no quiere disgustar a Tatum.
Ni siquiera sabe por qué le habló de Carmela en primer lugar, fueron sus celos.
¿Qué mujer se alegraría de que el hombre del que está locamente enamorada esté pensando en otra mujer?
Cierra la puerta de un portazo y se deja caer en la cama, furiosa y con el ceño fruncido.
Siente mucha rabia ante la mera visión de Carmela c