Cuando Leila vuelve en sí, se sorprende al verse tendida en la cama y no en el suelo, donde se desplomó.
Tiene un goteo intravenoso conectado al brazo y se lo quita, mirando a su alrededor, pero está sola en la habitación.
Siente el cuerpo con más energía que cuando se desplomó y ya no tiene hambre.
Su corazón late con fuerza y se lleva una mano al estómago, preocupada por su bebé. Lo que Carmela quería darle ya debe de estar en su organismo.
Tiene que encontrar la manera de salir de